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domingo, 24 de mayo de 2026 Crónicas de viaje
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Qué ver en Alicante: el barrio más instagrameable de España, una fortaleza con vistas infinitas y el secreto mejor guardado de su puerto

Alicante
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Alicante es la gran desconocida. A menudo eclipsada por el aeropuerto que lleva a los turistas hacia Benidorm, esta ciudad guarda un ADN vibrante que mezcla historia milenaria con una modernidad que engancha desde el primer minuto.

Aquí la vida ocurre en la calle. No es solo el clima (que también), es esa luz especial que hizo que los romanos la llamaran Lucentum. Pero cuidado: si te quedas solo en la arena de la Postiguet, te estarás perdiendo el 90% de la experiencia alicantina. (Y créenos, no querrás hacer eso).

Prepárate para un ascenso vertical y un descenso a los infiernos del sabor. Alicante es una ciudad que se camina, se escala y, sobre todo, se disfruta con una caña en la mano.

El Castillo de Santa Bárbara: El guardián de piedra

Es imposible no verlo. El Castillo de Santa Bárbara corona la ciudad desde lo alto del monte Benacantil. Es una de las fortalezas medievales más grandes de España y su perfil dibuja la famosa «Cara del Moro» que se ve desde el mar.

Tienes dos opciones: subir en el ascensor frente a la playa o, si tus piernas lo permiten, subir paseando por las murallas. Una vez arriba, el mundo se detiene. Tienes una panorámica de 360 grados que abarca desde la isla de Tabarca hasta las montañas del interior.

Es el lugar perfecto para entender la importancia estratégica de esta plaza. Cada piedra cuenta una historia de asedios, reyes y piratas. No te olvides de buscar el Macho del Castillo, el punto más elevado, para la foto que hará que todos tus seguidores te pregunten dónde estás.

Dato de utilidad: La entrada al castillo es gratuita, pero si vas a usar el ascensor, reserva unos euros. Vale la pena cada céntimo por evitar el sudor bajo el sol del mediodía.

Barrio de Santa Cruz: El rincón más fotogénico

Justo a los pies del castillo se encuentra el Barrio de Santa Cruz. Olvida el mapa; aquí el objetivo es perderse. Es un laberinto de casas blancas, macetas de colores explosivos y calles tan estrechas que apenas pasa el aire.

Parece un pueblo andaluz incrustado en el corazón del Levante. Es el orgullo de los alicantinos y el lugar donde se vive la Semana Santa con una intensidad que pone los pelos de punta. Cada rincón es una postal y cada vecino tiene una historia que contarte si te detienes un segundo.

Es, sin duda, el alma de Alicante. Un refugio de paz y silencio a solo unos metros del bullicio del centro comercial. Si buscas autenticidad, este es tu sitio.

La Explanada y el tardeo: El ritual obligatorio

No has estado en Alicante si no has caminado por la Explanada de España. Sus más de 6 millones de teselas de mármol dibujan ondas que imitan el mar. Es el paseo marítimo más icónico del Mediterráneo, flanqueado por palmeras infinitas.

Pero el verdadero fenómeno alicantino es el «Tardeo». Olvida salir de noche; aquí la fiesta empieza a las 13:00 en el Mercado Central y se alarga por las calles Castaños y San Francisco (la famosa calle de las Setas).

Es una explosión de alegría donde la gastronomía es la protagonista. Tienes que probar el arroz alicantino —aquí no se dice paella— con su «salmorreta» característica que le da un sabor profundo y único. El arroz de banda o el de magra y verduras son religión en esta tierra.

Advertencia: En la calle de las Setas (San Francisco), los niños se vuelven locos con las figuras gigantes, pero los adultos disfrutan de las mejores terrazas para tomar un vino de la milla de oro alicantina.

Tabarca: La isla de los piratas

Si tienes un día extra, no lo dudes: coge un «tabarquino» en el puerto. La Isla de Tabarca es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y es una Reserva Marina de valor incalculable.

Sus aguas son tan cristalinas que pensarás que estás en el Caribe, pero con el encanto de un pueblo fortificado que servía de refugio a los piratas berberiscos. Es el lugar ideal para hacer snorkel y ver posidonia en estado puro.

Y aquí va el secreto gastronómico: tienes que comer un Caldero Tabarquino. Te sirven primero el pescado con patatas y luego el arroz meloso cocinado con el caldo de ese mismo pescado. Es, posiblemente, uno de los mejores bocados que probarás en tu vida.

Cultura y modernidad: Del MARQ al MACA

Alicante no es solo ocio. El MARQ (Museo Arqueológico) fue elegido mejor museo de Europa en su día y sus exposiciones inmersivas son una locura para todas las edades. Por otro lado, el MACA ofrece arte contemporáneo de primer nivel en un edificio que es una joya arquitectónica en sí misma.

La ciudad está sabiendo reinventarse, mezclando sus ruinas romanas de Lucentum con una oferta cultural que no deja de crecer. Es ese equilibrio entre el pasado y el futuro lo que la hace tan especial.

Alicante te atrapa por la vista, pero te conquista por el estómago y la amabilidad de su gente. Es una ciudad fácil de querer, cómoda para caminar y con una energía que te recarga las pilas de forma automática.

Si buscas un destino que lo tenga todo —mar, montaña, historia y una fiesta que no necesita trasnochar—, la capital de la Costa Blanca te está esperando con los brazos abiertos. ¿A qué esperas para reservar?